Disfraces, pintacaras, talleres y mucha diversión, conformaron el ambiente ideal para una tarde de lo más terrorífica y animada.
Por FISAT
Como cada año en la víspera de la festividad de Todos los Santos, el Centro de Día Don Bosco volvió a convertirse en escenario de celebración de Halloween con los niños y niñas del centro como protagonistas.

Desde primera hora de la tarde, el grupo de los mayores, preparados con sus disfraces más aterradores, pusieron a punto la ambientación del centro, transformándolo así en el pasaje del terror que ellos mismos recrearían para el resto de grupos. Abajo, en el claustro, los demás niños y niñas rotaban por los diferentes talleres y juegos acompañados por los educadores, aguardando su turno para subir al esperado pasaje. Disfraces, pintacaras, talleres y mucha diversión, conformaron el ambiente ideal para una tarde de lo más terrorífica y animada.

Actividades como esta, así como otros espacios de distensión, permiten a educadores y voluntarios generar y compartir con los menores valiosos momentos de encuentro en entornos diferentes. Y es que, es precisamente con este tipo de actividades, en las que los niños y niñas predisponen mayor motivación, donde la animación y el juego funcionan como excelentes herramientas educativas. Pues, más allá del aspecto meramente lúdico y de entretenimiento, se consiguen trabajar otras muchas y muy importantes cualidades y habilidades tanto individuales como grupales, esenciales para su desarrollo personal e integral.

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